La calidad de nuestro aceite se consigue mediante la conjunción de aplicar lo mejor del método tradicional con lo mejor de la tecnología actual, con el fin de conseguir un producto inigualable. Desde la recepción del fruto hasta el envasado del aceite de oliva virgen extra (en adelante AOVE) se siguen unas pautas de actuación claramente definidas cuyo fin es dotar a los técnicos de unas herramientas que garantizan el máximo control técnico y sanitario durante el proceso de elaboración.


En primer lugar, una vez que se acerca la época de la recolección, nuestros técnicos analizan la aceituna de los árboles para comprobar que está en su punto óptimo de maduración. En el momento óptimo de la fruta comienza la recogida.


Nuestras modernas instalaciones garantizan la molturación del fruto en menos de 12 horas tras ser recogido. Una vez se ha extraído el AOVE se somete a unos controles químicos con el fin de comprobar que se encuentra dentro de los estándares de calidad exigidos.


Después del análisis químico los aceites son sometidos a un panel de cata, compuesto por un mínimo de ocho expertos preparados y formados para diferenciar los atributos olfativos y gustativos. Una vez superadas estas pruebas nuestros zumos de aceituna son aptos para ser envasados y puestos a disposición de nuestros clientes, quienes disfrutarán de unos sabores y olores excelentes y sin ningún tipo de defectos.


La recolección de la aceituna comienza a finales de octubre, cuando el índice de madurez es el adecuado para obtener el aceite de máxima calidad y suele finalizar durante el mes de enero. Esta fase se realiza con el mayor esmero para no dañar el fruto, separando necesariamente las aceitunas recogidas del árbol de las del suelo.


Recepción, limpieza y lavado de la aceituna. La aceituna es transportada hasta la almazara en unas condiciones en las que el fruto no resulte dañado. Una vez en las instalaciones, se lleva a cabo la separación de las aceitunas que potencialmente puedan dar una mayor calidad (aceitunas recogidas del árbol) de aquellas que puedan dar aceites de peor calidad (aceituna recogida del suelo), tarea fundamental para obtener la máxima calidad en el producto final. El objetivo de la limpieza y lavado es la eliminar las impurezas como las hojas, restos de tallos, polvo, piedras o tierra. 


La molienda. Proceso en el que se tritura la aceituna con la finalidad de romper los tejidos donde se encuentra el aceite, facilitando su salida y separación. Se rompe y divide el fruto obteniendo una masa compuesta de pulpa, hueso, piel, y una pequeña cantidad de aceite libre.  


El batido. La masa obtenida tras la trituración es batida para facilitar la salida posterior de aceite, separando las tres fases que la componen en función de sus densidades. Así pues, se obtiene una fase oleosa donde se concentra el aceite, una fase acuosa (alpechín) que contiene el agua de la aceituna, y una fase sólida (orujo) compuesta por los huesos rotos, la piel y la pulpa. Este batido lo realizamos a una temperatura aproximada de 22 grados (sin superar los 24º C)  para mantener la calidad del producto, evitando la pérdida de compuestos aromáticos y la aceleración de los procesos de oxidación. 


Decantación/Centrifugación. Mediante este proceso se hace girar la aceituna triturada a gran velocidad en el interior de un cilindro horizontal llamado decanter, con el que se consigue separar dentro de un mismo cilindro y, gracias a sus distintas densidades: el orujo, el agua y el aceite. 

 
Almacenamiento. El aceite obtenido se almacena y conserva en tanques de acero inoxidable en los que se mantienen unas condiciones idóneas para salvaguardar sus cualidades innatas.


Envasado. En el envasado hay dos operaciones básicas que se desarrollan simultáneamente: el llenado y el dosificado de envases. Hay que efectuarlas con maquinaria que garantice precisión y limpieza. El resto de   las fases pueden llevarse a cabo de forma simple y elemental: Cerrado de envases, etiquetado, encajado y paletizado.